martes, 26 de octubre de 2010

Mi vida es la Poesía

Me llamo Gustavo Adolfo Bécquer, nací en Sevilla en 1836. Tuve una infancia muy triste: mi familia se arruinó y a los cinco años me quedé sin padres. Todo esto me marcó, y me fui forjando un carácter melancólico y tímido que me ayudaría para escribir mis poemas. Cuando empecé a escribir, solo Rosalía y yo seguíamos la estela de los románticos, pues ya España destacaba en la narrativa realista, teníamos algunos de los mejores narradores europeos del siglo XIX. Desde siempre me gustó la literatura, desde niño leí mucho, aunque también me hubiera gustado ser pintor. Cuando tenía 17 años decidí marcharme a Madrid, allí llevé una vida bohemia, llena de penurias económicas. Me dediqué a trabajar como periodista en un diario conservador y ejercí como censor para poder salir adelante. Me casé con Casta Esteban, pero estaba enamorado de otra mujer "la bella Julia Espín", era un amor imposible... Cuando llegó la revolución liberal -"La Gloriosa"- me quedé sin trabajo como censor y me fue muy mal económicamente. Mis escritos no me daban para vivir. La muerte me llegó en 1870, morí en Madrid en la pobreza más absoluta. Toda mi frustración en la vida y en el amor me sirvió para realizar una gran obra poética. Se me conoce fundamentalmente como el poeta del amor pero mis Leyendas son de gran calidad narrativa, aunque entiendo que las Rimas (que las publicaron mis amigos cuando yo ya había muerto) emocionen porque en ellas plasmo lo más íntimo y personal de mi experiencia vital.

Quise cambiar España...







Me llamo Mariano José de Larra nací en Madrid en 1809. Al terminar la Guerra de la Independencia (en 1812) tuve que huir con mi familia a Francia porque mi padre -importante médico de ideas ilustradas- había colaborado con el gobierno impuesto por Napoleón en España. No volví a mi país hasta que no murió en 1833 Fernando VII porque su modo de ver la vida y el mío no tenían nada que ver. Para mi la libertad y el progreso son fundamentales, y eso lo aprendí muy bien en Francia.
Cuando regresé a España estaba muy ilusionado, pues venía bien empapado del nuevo idealismo romántico que se había desarrollado en Europa -sobre todo en Alemania y en Francia-. Pero mi vida aquí no fue precisamente "un camino de rosas": encontré un país muy reacio a introducir ideas liberales. Además de ver los problemas que había en la sociedad española, mi matrimonio fue un fracaso y con mi amante Dolores Arnijo tuve un importante desengaño amoroso-claro, que era una mujer casada y nunca dejó del todo a su marido-. Lo pasé muy mal, porque mantuvimos una apasionda y también tormentosa relación amorosa. Además me sentía fatal y por todo decidí que iba a escribir. Pensé que la literatura sería un arma útil para intentar modernizar la sociedad española y escribí mis Artículos. Fue fácil, como me dedicaba al periodismo -por cierto firmaba con el pseudónimo de "Fígaro"- fue escribiendo a modo de ensayo novelado artículos de costumbres sobre los vicios y atrasos de la sociedad española: la lentitud de la Administración española, la mala educación y la soberbia e hipocresía de los españoles, los perjuicios de los matrimonios a destiempo... también critico a los conservadores y a los carlistas -impedían la evolución progresista del país-, y me atreví a defender la libertad creadora del Romanticismo, que tanto me gustaba para la literatura y para la vida. Después de que a través de mis Artículos denuncié la censura, los abusos, la pena de muerte, el absolutismo, el fraude, el orgullo, y otros tantos y tantos vicios y atrasos que estaban bien arraigados en la España del siglo XIX, me deprimí bastante. Todo iba mal: mi relación amorosa era insostenible, el país estaba, yo no me acostumbraba a esta sociedad... solo tenía 28 años, pero estaba muy muy frustrado, la desolación y el desaliento se apoderaron de mí, ya no tenía sentido vivir, y un buen día me suicidé... aún hoy me recuerdan porque piensan que algunas de mis críticas siguen vigentes aún hoy en el siglo XXI.

domingo, 4 de abril de 2010

El Romanticismo en España

En España el Romanticismo es un movimiento tardío, ya que aparece en la década de los treinta. Las vías por las que se introduce la nueva estética en España son:
  • El periodismo -a través de los artículos publicados por el cónsul alemán Nicolás Böhl de Faber-.
  • El regreso de los exiliados liberales a la muerte de Fernando VII, como Martínez de la Rosa o Espronceda.
  • El estreno de la obra del duque de Rivas Don Álvaro o la fuerza del sino en 1835 marca la fecha de inicio.

Aunque tenemos que destacar que el Romanticismo en España se va a alargar hasta finales del XIX, que aún quedan algunos representantes destacados, como Bécquer y Rosalía de Castro, a los que se denominan posrománticos.

Romanticismo

El Romanticismo es un complejo movimiento cultural que se desarrolla en Europa en la primera mitad del siglo XIX y supone una revolución estética e ideológica. Se inicia en Alemania e Inglaterra a finales del siglo y entre sus precursores destacan el poeta inglés Young, y los alemanes Goethe y Schiller.

Los románticos protestan contra los valores impuestos y los problemas políticos y sociales del momento, y hacen de la libertad su bandera. Es una nueva forma de vivr y crear que refleja una nueva actitud ante los problemas del hombre. Se caracteriza por:

  • Individualismo. El artista se cree el centro del mundo, el intermediario entre el arte y los demás hombres.
  • Culto a la libertad. El individuo proclama su derecho a expresarse y su libertad individual frente a la sociedad. Se rechazan las reglas sociales y artísticas. Esa liberación les provoca una insatisfacción continua, les produce un sentimiento de vacío y soledad que, en muchas ocasiones, les lleva al suicidio o a la locura.
  • Rebeldía y contradicciones. El romántico busca una felicidad imposible y choca inevitablemente con la realidad. Por eso los románticos miran al pasado legendario, hacia países exóticos o hacia su propio yo interior.
  • Nacionalismo. Cada país, cada región ensalza sus costumbres y sus valores tradicionales. Proclaman el nacionalismo político.

viernes, 26 de marzo de 2010

Autorretrato de un romántico

Me llamo José de Espronceda. Empecé a meterme en líos cuando apenas tenía quince años. Fundé lo que hoy llamarías el club de los poetas muertos. ¿Te imaginas a un adolescente conspirando contra el rey tirano que había traicionado la primera constitución libre que hemos tenido los españoles? La llamábamos la Pepa porque se aprobó el día de San José de 1812. Pues sí, lo hice; y, aunque era un mocoso, mi intento de revolución liberal me costó tres meses de arresto; y la cosa no fue a más gracias a mi padre. Luego me enamoré de una chica, uno de esos amores difíciles que los espíritus libres e idealistas como el mío no podemos evitar. Recorrí media Europa tras sus pasos. ¡Oh Teresa, cuánto te amé y cuánto dolor nos tuvimos! Sí, fui un rebelde. Algunos me calificaron de exaltado. Hoy me tildarían de gótico, cuando no de padecer de un trastorno de personalidad, como decían de mi admirado Lord Byron. Pero yo sólo expresé con behemencia mi inconformismo hacia una sociedad materialista e hipócrita que ensuciaba la inocencia de cuantos nacíamos desnudos a la vida. Me achacan que soy demasiado individalista, poco solidario, porque exalto en mis poesías la soledad de los que, como el pirata, viven al margen de leyes y compromisos. No es cierto. Yo no canto la insolidaridad sino a la libertad, que es la raíz de todas las virtudes sociales. Soy un romántico.
Los románticos protestan contra los valores impuestos y los problemas políticos y sociales del momento, y hacen de la libertad su bandera. Es una nueva forma de vivir y de crear que refleja una nueva actitud ante los problemas del hombre.
De la Ilustración toma el impulso hacia la modernidad y el progreso; conecta con el Barroco en el gusto por la literatura nacional, la mezcla de los géneros y el rechazo a las reglas; se acerca al Renacimiento en la utilización del paisaje como confidente, y recoge temas de la tradición y leyendas medievales.